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 Historias de guerra

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DR46F4c702 AdmiN
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MensajeTema: Historias de guerra   Mar Abr 08, 2008 7:47 pm

Historias de guerra

La guerra es una situación que impulsa a cada ser humano a situaciones límites. Situaciones que nunca antes han aparecido, y que se presentan tan rápidamente que su resolución es cuestión de segundos. La guerra tiene otra lógica, y no acepta grises. A un soldado se le exige todo, o no se le exige nada.

Podemos ver películas de guerra, pero muchas veces no podemos imaginarnos a nosotros enfrentados a esas situaciones. Nadie conoce la guerra, nadie que no la haya vivido puede realmente transmitir en palabras o imagenes su realidad. Pero se puede intentar.

Estas son, ante todo, historias de valor, coraje y honor. Más allá de cualquier concepción ideológica, porque en la guerra no hay "malos" ni "buenos": solamente dos contendientes, luchando hasta la muerte.


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1940, canal Ypres-Comines. Los alemanes invaden Francia y las tropas anglofrancesas no pueden detenerlos. Los británicos establecen un anillo de protección frente a las costas de Dunkerque, en donde sus camaradas embarcan hacia Inglaterra. Está en juego su honor y por eso su resistencia es sólida y compacta.

Las tropas alemanas intentan romper el cerco, pero son detenidas por los británicos. Los soldados enviados a misiones de reconocimiento no vuelven. Repentinamente, un oficial de impecable uniforme y botas relucientes se pone de pie detrás de las trincheras, empuñando un parte de prismáticos. Es el comandante de la compañía. Solamente 10 segundos más tarde, es herido en el pecho. Sus prismáticos caen de sus manos y su rostro se torna pálido y rígido. La sangre mancha su uniforme. Se retira tropezando, se acerca a sus soldados y los mira fijamente. Se cuadra y les dice:

-¡El teniente Georg anuncia su muerte, en acción!

Luego hace el saludo militar, se pone firme y cae muerto dos segundos más tarde.


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1943, campaña de Monte Cassino para sacar a los alemanes de Italia. El general de división Kippenberger se adelanta, solo, en misión de reconocimiento. La "tierra de nadie" está en silencio, y solamente se escuchan disparos aislados. Nadie lo acompaña, y si aparece el enemigo, está prácticamente indefenso, porque sus compañeros están a muchos metros. Pero alguien tiene que reconocer el terreno.

Luego de arrastrarse varios metros, decide que el terreno es seguro, porque una colina lo cubre. Se pone de pie y, a los pocos metros, una explosión lo estremece. Ha pisado una mina. Vuela varios metros; su pierna derecha ya no existe. Sin perder la serenidad ni gritar por ayuda, con su cinturón Kippenberger intenta detener la hemorragia haciendo un torniquete alrededor del muslo. Con gran dolor, al borde de la conciencia, se pone de pie e intenta volver saltando con su otra pierna, con tan mala suerte que nuevamente pisa otra mina y vuelve a volar algunos metros.

Sus hombres, que venían a socorrerlo luego de escuchar la primera explosión, se acercan con precaución al campo minado y escuchan sus palabras, antes de desvanecerse:

-¡Maldición! ¡Ahí va la otra pierna!


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El coronel Harry A. Flint era un oficial excéntrico. Loco, dirían algunos. Antiguo compañero de caballería del general Patton, un día se presentó al general Bradley, en su comando en Argel, para pedirle el mando de tropas de primera línea, donde, según él, "se peleaba de verdad".

-Por las campanas del infierno, Brad, me estoy oxidando, desperdiciando mis actitudes con estos coroneles de cama blanda en la retaguardia.

Cuando alguien solicitó, luego de la captura de Túnez, a un jefe para que levantara el ánimo del regimiento 39º que mostraba signos de moral baja, Paddy Flint fue designado como su comandante.

Su primera medida al llegar a Italia fue colocar en todos los cascos, camiones y elementos de combate de sus soldados la sigla "AAA-0". Cuando un comandante le preguntó por su significado, le contestó: "Cualquier cosa, en cualquier momento, en cualquier parte, sin excluir nada" [casi intraducible: "Anything, Anytime, Anywhere", y el guión como menos tachando un 0.]

El comandante comentó el hecho y poco tiempo después llegó una orden desautorizando poner inscripciones especiales en cualquier parte. Flint no obedeció porque, según él, "la ley debía ser anterior al hecho del proceso". El excéntrico oficial había estudiado algo de leyes en su ciudad natal, Vermont. Todo quedó allí.

Pero otras actitudes de Flint llamaban mucho más la atención. Dirigía a sus hombres desnudo hasta la cintura, con casco, una bufanda negra al cuello y revoleando un fusil. "Voy así para que mis soldados me reconozcan mejor" le respondió a un sorprendido periodista. Además, caminaba por las líneas del frente fumando y sin bajar la cabeza, incluso cuando el enemigo estaba a tiro. Es más, hacía gestos despectivos hacia las líneas alemanas y le gritaba a sus hombres "¡Vean a esos alemanes! No sabían tirar en la Primera Guerra Mundial. No saben tirar en ésta. ¿Cuando van a aprender? ¡Ni siquiera son capaces de matar a un viejo chivo como yo!"

Sus superiores se precupaban por eso y se lo transmitían:

-Algún día, Paddy -le dijo Bradley-, usted va a andar paseando así y lo van a matar. Entonces va a probar justamente lo contrario de lo que quiere enseñar a sus hombres.

Pero Flint estaba convencido de lo que decía, y miró a su superior con extrañeza.

-Por las campanas del infierno, Brad, usted sabe que esos alemanes no saben tirar...

Finalmente, sucedió lo dicho por Bradley: Paddy Flint murió en Normandía, cuando un francotirador alemán le dio un tiro en la cabeza. El general dijo acerca del asunto: "estoy seguro de que de ese tiro, él hubiera dicho que le acertaron de pura casualidad. Pero ni siquiera esa satisfacción tuvo, pues, si bien vivió algunas horas, la herida había afectado a la palabra. Paddy murió como un irlandés silencioso y con una sonrisa en el rostro."


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1944; los desembarcos estadounidenses en mil y un islotes del Pacífico se suceden todos los días. En uno de ellos, el cabo Johnny Spillane comparte con sus camaradas una situación desesperada: atrincherados en "The Old Lady", su barca de desembarco, están varados en la playa donde están siendo tiroteados por los defensores japoneses, a pocos metros solamente.

Johnny sabe que en la playa puede tener una chance: su agilidad y su destreza han hecho que dos grandes equipos de beisbol de las Ligas Mayores hayan querido incorporarlo a sus planteles. La guerra ha detenido temporalmente su carrera, pero cuando vuelva puede seguirla.

En la playa los tanques se detienen, destruidos por los proyectiles japoneses. Es un verdadero infierno. De repente, en el aire aparece una granada de mano. Todos se lanzan al suelo, tratando de protegerse con algo, sabiendo que dentro de unos segundos pueden estar muertos. Todos menos el cabo Spillane. Ha saltado y, atrapando la granada en el aire, la cambia rápidamente de mano y la devuelve. Otra granada: Spillane repite la operación y la lanza al mar. Sus compañeros lo miran con una mezcla de admiración, incredulidad y horror. Llegan dos granadas más y Spillane las sigue tomando en el aire y reenviándolas de la misma manera. Sus compañeros ahora aplauden, y gritan hurras por su héroe. Pero la sexta granada llega y le explota en la mano al candidato a las Grandes Ligas.

El cabo ya no puede soñar con volver a casa y tener una carrera o una vida normal. Pero ha salvado a sus compañeros: su sacrificio no ha sido en vano.


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Principios de 1944, Birmania. Los japoneses avanzan hacia Imphal, y se suceden muchas escaramuzas entre compañías y pelotones aislados por la selva. Muchos hombres demuestran su valía esos días. Entre ellos destacan seis, que reciben cada uno la Cruz de la Victoria. La mayoría, sin embargo, lo hace póstumamente. Sus historias son una muestra de valor y coraje.

John Harman, cabo de los Royal West Kents, descubrió que los japoneses habían emplazado un nido de ametralladoras en una posición estratégica, que hacía peligrar la vida de los soldados de su batallón. Pidió a su sección que lo acompañara y atacó a solas. Mató con su bayoneta a los atacantes, luego la mostró a sus camaradas para que pudieran verla y se retiró. Murió cuando volvía a su puesto.

El sargento Victor Turner, al mando de un pelotón de 20 hombres del 1º West Yorkshires, rechazó un ataque japonés efectuando en solitario cinco ataques utilizando solamente granadas. Cuando regresaba a su puesto al sexto día, a buscar más granadas, resultó muerto.

El teniente Adbul Hafiz encabezó una un ataque contra los japoneses que por primera vez en toda la guerra huyeron corriendo. A causa de esto, la colina donde se sucedió el combate se llamó luego "colina de la huida". Sin embargo, Afiz resultó herido mortalmente, lo cual no le impidió tomar un arma de un ompañero herido y cubrir a sus camaradas hasta que murió.

El capitán Netra Bahadur Thapa, del 5º de fusileros gurkhas, recibió la orden de defender su posición hasta la última bala y el último hombre. No defraudó a sus superiores: lo encontraron muerto con su kukri tradicional clavado en la cabeza de un combatiente japonés.

Otro fusilero gurkha, Ganju Lama, con su muñeca izquierda quebrada, un balazo en la mano derecha y otro en una pierna, logró arrastrarse hasta estar a 28 metros de distancia de dos tanques japoneses. Con un PIAT (una nueva arma antitanques portátil) los detuvo y mató a sus tripulantes cuando estos salieron.

Otro cabo gurkha, Aganzig Rai, encabezó un nuevo ataque de su sección. El anterior había fracasado, pero en tres ataques sucesivos, la sección del cabo, reducida finalmente a tres hombres, mató al personal de un nido de ametralladoras, capturó un cañón antitanque y ocupó una casamata japonesa.


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1943, levantamiento de Varsovia. Frente a las tropas soviéticas que luchan ya en territorio polaco, el ejército secreto polaco intenta conquistar la capital antes que los comunistas. Están bien preparados, son muchos y tienen armas, pero los tanques alemanes son un inconveniente. Finalmente descubren una forma de detenerlos, lanzando granadas en manojo contra las orugas. Cerca del cuartel del coronel Radoslaw, se detienen así dos tanques alemanes "Tiger". El primer, con las orugas totalmente destruidas, no puede andar a menos que sea reparado, pero no hay ninguna clase de repuestos. El segundo, sin embargo, no tiene averías visibles. Las tripulaciones de los tanques no se niegan a dar datos técnicos, pero el sistema es tan complicado que ni siquiera ellos pueden repararlo. El primer tanque es utilizado como pieza de artillería, pero se sigue tratando de poner en marcha el segundo, que puede dar grandes ventajas tácticas al ejército polaco.

Un hombre viejo baja de un edificio cercano. Está vestido con ropa de trabajo y se ofrece como voluntario ante un oficial:

-Señor, conozco algo de este trabajo. Déjeme echarle un vistazo. Hasta el sábado pasado estuve trabajando en el taller de mantenimiento de vehículos militares.

No hay herramientas a excepción de las del tanque, y no es agradable trabajar bajo el fuego enemigo. Las balas llueven, y en cualquier momento otros tanques alemanes pueden abrirse camino hasta ese lugar. Pero el oficial acepta.

Una hora más tarde, los nuevos tripulantes cargan las municiones y se iza la bandera polaca sobre el tanque. Luego de unos minutos, el motor comienza a funcionar. El viejo mecánico, con las manos llenas de aceite, se limpia el sudor de la cara y le dice al oficial:

-Señor, por dos días he estado pidiéndoles que me dejen pelear, pero todos se rehusan porque dicen que soy muy viejo. Y ahora, ¡mire!; ¡el viejo sirvió para algo! ¿No es cierto?

El oficial, todavía muy sorprendido, asiente:

-¿Cómo es su nombre?

-Jan Lumenski -contesta el viejo, antes de irse.


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1940. Francia está a punto de rendirse. Los últimos soldados británicos se apiñan en Dunkerque para escapar del exterminio. A veces deben esperar mucho sentados en las playas, aguardando la órden para abordar su barco. Entre ellos está el soldado Bill Hersey.

-¡Arriba toda la compañía! ¡En pie todos! ¡Rápido, volvemos a Inglaterra! -escucha mientras alguien lo sacude del hombro.

Debería estar muy contento. Pero tiene una gran incertidumbre; hay una gran duda en su mente. Sabe que nada puede perder en el intento. Se acerca al capitán Smith.

-Señor... ¿Puedo hacer algo por mi mujer?

El capitán lo mira fijamente. No hay barcos para todos. Los que se van son afortunados, porque tienen otra oportunidad antes del siguiente ataque de la aviación alemana. El capitán tal vez piensa en castigarlo, o en ignorarlo, o tal vez piensa en su mujer.

-Tráela...

El soldado Bill Hersey, del East Surreys, pedalea furiosamente hasta el poblado de Tourcoing. Son las 23:30, y se detiene frente a una casa pequeña.

-¡Augusta! ¡Augusta!

Una muchacha delgada y rubia sale; Hersey le dice, casi gritando:

-Toma tu ropa y ven. ¡Rápido, nos vamos!

El capitán Smith recorre las filas de sus soldados, que están a punto de embarcar. Hersey llega a su lado, respirando agitadamente.

-Mi capitán... Mi mujer está conmigo...

-Que suba a mi automóvil -le dice el oficial-. Pero antes es necesario que cambie de ropa...

La pequeña Augusta, con pantalón y camisa reglamentaria, casco y un fusil en la mano, salta dentro del automóvil que encabeza la columna que huye de los campos de batalla. El capitán Smith le dice algo al oído a su chofer y el vehículo arranca. Detrás de él, en doce camiones, van los soldados de la compañía East Surreys: entre ellos está el soldado Bill Hersey.

Augusta tenía 21 años, y no entendía inglés. El soldado Bill Hersey, sin saber francés, le había propuesto matrimonio utilizando un diccionario. Ella había aceptado. Seis semanas antes.






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MensajeTema: Re: Historias de guerra   Mar Abr 08, 2008 8:44 pm

ahi ta tu firma splash

El!!!!! la qeria IWAAAAL jaj

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MensajeTema: Re: Historias de guerra   Mar Abr 08, 2008 8:59 pm

copion voi a tener qe hacerme una mas bakan

si es broma wn!!




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